Autoestima en Cristo

Por Brenda C. Grimoldi

Foto por Dreamstime.com

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”

Josué 1:9

La autoestima se define como la valoración, percepción, o juicio positivo o negativo que una persona hace de sí misma en función de sus pensamientos, sentimientos y experiencias. En términos de Psicología, se refiere al valor que una persona se da a sí misma. A veces, las personas buscan elevar su autoestima por medios equivocados y a pesar de que se cambien su apariencia física, aún tienen un profundo vacío por dentro y pueden llegar hasta la depresión. Dado al hecho de que la autoestima está relacionada con la autoimagen, que es el concepto que se tiene de uno mismo, y con la autoaceptación, que se trata del reconocimiento de las cualidades y los defectos. ¿Pero que dice la palabra de Dios acerca de este tema?

La palabra de Dios nos enseña que nuestro creador nos hizo conforme a su imagen y que ya nos conocía desde el vientre de nuestra madre. Dice en Jeremías 1:5 “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” ¡Que maravilloso es esto! Nuestro padre celestial nos hizo perfectos tal y como somos, con nuestras virtudes y debilidades, desde la cabeza hasta la planta de los pies somos la obra maestra del Todopoderoso. Además, la escritura nos anima a definirnos no por nuestros atributos físicos sino por nuestro carácter. De acuerdo con la palabra nuestro carácter debe ser fuerte, valiente y con seguridad de que el Todopoderoso nos respalda en todo momento. El carácter que ha sido modelado por figuras bíblicas tales como Abraham, Jacob, Moisés y Josué.  A quien en esta escritura Dios le da un mandato que sea fuerte y valiente y no desmaye porque Jehová de los ejércitos estará con él a dondequiera que él vaya. ¡Que promesa divina tan poderosa! Cada vez que yo tengo alguna duda o temor, recito este verso bíblico y mi padre celestial me llena de fuerza y de valor. Somos hijas de Dios y fuimos compradas a un alto precio por medio del sacrificio del cordero que es Jesucristo. ¡Por lo tanto, somos piedras preciosas y nuestro valor se basa en la luz que radiamos desde adentro hacia afuera la cual proviene del altísimo!

Oración: Padre Celestial, venimos ante tu presencia para darte las gracias por habernos hecho a tu imagen y semejanza, somos tu obra maestra y queremos ser esa luz que ilumina las vidas de los demás, en el nombre de Jesús te lo pido Amen.

Articulo originalmente publicado en La Prensa Hispana Newspaper

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