Creyendo pese a toda adversidad

imagesby olessia ponce 07/05/18

Génesis 17: 17 “Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años concebirá?”.

Nos encontramos con situaciones que cambian nuestra manera de verlo todo, en esos momentos cuando de verdad ya no hay nada que hacer por nosotras mismas es el momento de actuar para Dios, así vemos la historia de Abraham y Sara. Vamos a usar nuestra imaginación para recrear la historia de estos personajes bíblicos. Imagina a una feliz pareja de esposos que ha pasado muchos años juntos, viviendo en una bella población y que ha visto pasar y pasar los años con la ilusión de tener un hijo, pero no han podido alcanzar ese sueño. Llegan a una edad muy avanzada, en la cual ya no es posible desde el punto de vista físico que esto suceda, pues ella ya ha pasado su periodo de menopausia. ¿Te imaginas la tristeza que esto trajo a esta pareja?. ¿La desesperanza y el desaliento que pudieron experimentar?. Pero el relato bíblico nos dice en Génesis 17:1 “Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso (El Shaddai); anda delante de mí, y sé perfecto. Y yo estableceré mi pacto contigo, y te multiplicaré en gran manera”.

Abram tuvo un encuentro con el Dios Todopoderoso (El Shaddai) quien le dio la promesa de que tendría un hijo. Y no sólo esto, sino que lo haría una gran nación. Y como María, el personaje de nuestra primera historia, Abram experimentó la duda al escuchar la promesa que venía de parte de Dios, como vemos en Génesis 17: 17 “Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años concebirá?”. Y creo que como ellos, nosotras muchas veces experimentamos la misma duda, frustración, desesperanza y temor al creer que lo que hemos pedido al Señor es imposible. Vemos la situación que estamos atravesando como la montaña más alta de la tierra. Muchas veces Dios nos pide que hagamos algo, pensamos que no podemos dar ese paso sin ni siquiera orar y pedir a Dios su ayuda.

Pero si vemos en el versículo 1, cuando el Señor se presenta a Abram, se le presenta como el Dios Todopoderoso. Debemos recordar quien está con nosotras, quien es el que nos ha prometido. Y para ayudarnos a recordar quien es nuestro Dios Todopoderoso, podemos empezar por reconocer que nos amó de tal manera que envió a su único hijo a rescatarnos (Juan 3:16). No le importó ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (Fil 2: 6-11). Nos dice Filipenses que se hizo siervo por nosotros. Y la más grande obra hecha a nuestro favor fue haber derrotado a la muerte en la cruz del calvario. Sí, Jesús derrotó a la muerte y el pecado, triunfando sobre ellos en la cruz (Col 2:15). Devolvió la vista a los ciegos (Lucas 18:35-43), abrió el mar rojo para que su pueblo pudiera pasar sobre tierra seca (Éxodo 14). Estos son unos pocos ejemplos de las múltiples maravillas que Dios nos ha dejado registradas en la Biblia.

Sé que nosotras nos encontramos cada día ante muchas circunstancias difíciles, desesperanzadoras y angustiantes; he escuchado de mujeres cuyos hijos andan en malos caminos, familias que no saben que van a comer en el día y enfrentan al mismo tiempo enfermedad; mujeres solteras que se acercan a una edad avanzada y aún no se han casado; familias en las que reina la desunión. Día a día nos enfrentamos a una batalla a muerte con sentimientos y situaciones como estos. Pero no permitamos que nos debiliten, tomemos ánimo recordando que Dios está con nosotros y ha prometido estarlo todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Recordemos que fiel es quien prometió y que en medio de nuestra situación, por más que pensemos que es imposible, Él está en control en todo tiempo. Que todo lo que enfrentemos en la vida Él lo usa para glorificarse, y que aunque a veces no lo veamos, Él siempre está allí trayéndonos el oportuno socorro.

Cuando estos sentimientos nos agobien, vayamos a la Palabra, y por medio de ella recordemos que Dios nuestro Señor es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). Y que para Él nada hay imposible ya que ni la muerte pudo vencerlo. Y que aunque no vemos la respuesta que queremos o esperamos en el tiempo en que la queremos o esperamos, Él siempre cumplirá sus promesas.

¿Estamos viviendo de una manera que nuestras acciones testifican que creemos en el Dios que hace lo imposible posible?

Oración

Padre eterno confiamos en que cada mujer sea el reflejo de lo que dice tu palabra y que para ti no hay nada imposible .amen

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