La vid verdadera

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Juan 15:1-5:

Jesús, la vid verdadera

 1  Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Hay personas que van por la vida sin rumbo y que piensan que pueden hacerlo todo por su propia cuenta. Cuando en realidad no se dan cuenta que tienen a un Padre y dueño que dirige sus vidas y todo lo que hacen. También creen que pueden hacerlo todo con sus propias fuerzas sin necesidad de Dios. Este versículo nos enseña que tenemos que nuestra vid es Jesús y nosotros los pámpanos. Aprendamos que tenemos que estar junto con el Señor así como los frutos están pegados a su árbol.

Para comprender lo que el Señor nos expresa en estos versículos es necesario tener claros lo siguiente:

Una viña  es el lugar donde se cultivan las uvas y donde se siembra la vid.

La vid  es el árbol que se siembra en la viña, el cual es sembrado y cuidado por el labrador.

Los pámpanos  son las ramas de la vid, las cuales llevan los frutos.

Dios usa estos términos para podernos hacer una preciosa analogía de como nuestras vidas están sujetas a el.

Dios es el labrador, el único dueño de la viña y de la vid verdadera, así como de los pámpanos. Jesús es la vid verdadera, es la vida de los pámpanos, y los pámpanos que no lo reconozcan como la vid verdadera, están muertos. La vid es de donde los pámpanos están sujetos. Y nosotros, sus hijos somos los pámpanos, quienes estamos sujetos a la vid que es Jesucristo, al no estar sujetos a la vid, estamos muertos.

¿Como relacionamos esto con nuestras vidas? Muy sencillo.

Como hijos de Dios, debemos estar sujetos a Jesús, de lo contrario, nuestra vida espiritual esta muerta. Al pensar que podemos hacer todo por nuestra cuenta, al pensar que no necesitamos la ayuda del Padre, no estamos pensando como Hijos de Dios y no nos estamos sujetando a la vid verdadera.

Cuando no nos sujetamos a Dios, cuando rechazamos su ayuda y creemos que lo podemos todo, es ahí cuando las cosas salen mal. Porque Jesús claramente dice en su palabra  …”porque separados de mí nada podéis hacer.” 

En conclusión, debemos reconocer que Dios es nuestro dueño, que hemos sido creados por el con un propósito y que el es quien nos ayudara en todo momento. Debemos permanecer en Jesús, en nuestra vid verdadera, ya que el es nuestra fuente de vida, sin el nada somos.

Cuando pienses que estas peleando una batalla solo, cuando pienses que solo tu puedes resolver tus asuntos, piénsalo dos veces, por que no es así. Recuerda quien es la vid verdadera y a quien tu estas sujeto.

Oración:

Señor Jesús, reconozco que separados ti nada podemos hacer. Quiero permanecer junto a ti y que tu gobiernes mi vida. Amen.

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